
Por José Luis Méndez
Sin salir en defensa de AMLO, porque ni lo necesita, ni es el propósito, es importante reflexionar sobre la posición autoritaria del gobierno de los Estados Unidos: «no serán invitados aquellos países que no respeten la democracia», sentenció Brian Nichols, subsecretario de estado para América Latina y el Caribe, a nombre de Joe Biden, mandatario norteamericano.
No es ninguna novedad la expresión manifiesta de la política discriminatoria, parcial e injerencista que nuestro vecino del norte mantiene. Donde no sólo se yergue como paladín de la humanidad, sino también en el juez que define que es democracia y como se practica.
Una nación que no ha estado exenta de fraudes electorales, que sus representantes y gobernantes se deben a quienes los financian y que como ya se ha observado, no llega a ser presidente quien obtenga más votos, sino quien gane el Colegio Electoral.
Pero no es ahí donde radica el mayor de los conflictos, no sólo pretende determinar la legitimidad de los gobiernos del continente (y del mundo), sino que interviene activa, ilegal y peligrosamente en los procesos electorales y en la cotidianeidad, visible o secreta, de las diferentes naciones.
Financia y asesora a gobiernos, insurgentes o contrainsurgentes de acuerdo a su conveniencia. Así como ahora enfrenta a los Talibanes, antes los apoyó con recursos y armas; en Chile ayudó a Pinochet para derrocar a Salvador Allende, instaurando una dictadura de terror y de continua violación a los derechos humanos; en Argentina respaldó el golpe de estado que derrocaría a Isabel Perón colocando al frente del gobierno militar al general Jorge Rafael Videla, que a la postre establecería uno de los gobiernos más sanguinarios y perversos que se tenga registro en América; Bolivia, Brasil, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Haití, ni que decir de Nicaragua (que si bien es cierto que hoy los Sandinistas representan el horror, EU apoyó al dictador Anastasio Somoza y posteriormente a los Contras), y así podemos ir enumerando la continua intervención haciendo uso de todos sus medios legales e ilegales que bajo el pretexto de la doctrina Truman ha ejercido y practica nuestro vecino al norte del río Bravo.
Cuba, Venezuela y México, tampoco son la excepción. Nos puede parecer que el rumbo político, económico o social que sigue cualquier nación es errónea, pero así como sólo a los mexicanos nos corresponde decidir nuestro rumbo y quien nos gobierne, también es responsabilidad de los cubanos y venezolanos hacer lo propio. Cada quien vive el sueño o la pesadilla que quiere, y cada nación tendrá que elegir cuando y en que términos despertar.